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Así trabajaban los primeros oficinistas

Gracias a Hables Lamb (mil setecientos setenta y cinco-1834), uno de los grandes ensayistas ingleses, tenemos más información sobre la vida rutinaria en las primitivas oficinas del siglo XIX. Él trabajó durante 25 años como oficinista en el departamento de contabilidad de la Compañía Británica de las Indias Orientales y escribió sobre ello en sus ensayos y correspondencia privada.

De entrada, para hacerse con el puesto tuvo que depositar una fianza de 500 libras, práctica común entre los patrones de la época para asegurarse el buen comportamiento del personal. Además, durante los dos primeros años los empleados solo percibían una gratificación anual de 30 libras.

El sueldo inicial de Lamb, a partir del tercer año, fue de 40 libras anuales. Cuando se retiró en mil ochocientos veinticinco había ascendido a setecientos treinta. En lo que se refiere a la rutina diaria del trabajo, Lamb dejó abundantes comentarios sobre la cautividad y el servilismo reinantes: “Durante treinta años he servido a los filisteos y mi cuello aún no ha sido dominado por el yugo.

No sabes lo fatigoso que resulta respirar el aire confinado entre 4 paredes, sin reposo días tras día a lo largo de las horas doradas del día, entre las diez y las cuatro, sin reposo o bien interposición”. El horario no siempre y en toda circunstancia se cumplía y muchas veces debía prolongar su jornada hasta bien entrada la tarde o bien la noche. Libraba los domingos, el día de Navidad, un día en Semana Santa y una semana en verano, como muchos de sus colegas de todos y cada uno de los países industrializados.

jhenny dandrea
Jenny D'Andrea

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Por Jenny D'Andrea

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