Colombia celebra el milagro del rescate con vida de los cuatro niños encontrados en plena selva amazónica, en la región del Guaviare, A 17 días del accidente que sufrió la avióneta que los transportaba. Los operativos se intensificaron en las últimas horas, con el descubrimiento de los restaurantes de la aeronave. Involucro muy helicópterosel hallazgo de indicios clave y hasta un mensaje en un ochotola lengua de la comunidad indígena tiene el que pertenecen, propagado hablando.
La aeronave Cessna 206 de matrícula HK 2803 que los trasladaba junto con tres mayores de edad (incluido el piloto) se declara en emergencia por una caída en el motor. Desde el 1° de mayo nada se sabia sobre el destino del artefacto y de los ocupantes.
El lunes, las fuerzas de seguridad encontraron la avióneta con los tres adultos muertos, en una zona rural del caserío Palma Rosa que formaba parte del municipio de Solano (Caquetá), 460 kilómetros al sur de Bogotá y unos 100 kilómetros al norte de la triple Frontera con Perú y Ecuador.
No habia rastros sobre los cuatro menores de edad, edad entre 13 años y 11 meses. Desde entonces, crecieron las expectativas y las preocupaciones.
Así, se intensificaron las labores para dar con el paradero de los niños, unos trabajos que cobraron ribetes casi salidos de la mejor literatura colombiana. El hueso peligros de la selva -fuertes lluvias y animaux salvajes al acecho, además de la muerte de la madre de los jóvenes- hacían que el reloj corriera más rápido. Lo bautizaron «Operativo Esperanza».
Finalmente, luego de un impresionante operativo con detalles entre meticulosos y tiernos, el presidente Gustavo Petro obtuvo el hallazgo con vida de Lesly Jacobombaire Mucutuy (13 años), Soleiny Jacobombaire Mucutuy (9), Tien Noriel Ronoque Mucutuy (4) y Cristin Neriman Ranoque Mucutuy (11 meses).
Helicópteros, hablando y la voz de la abuela en idioma nativo
Todo comenzó el 1° de mayo. Tras el mensaje de emergencia y la falta de respuesta de la aeronave (operada por la compañía Avianline Charter’s), la operación de «búsqueda y salvamento» comenzó con un avión y un helicóptero, además de un grupo de personal para trabajar en tierra.
Solo sabían que la última señal había llegado desde una ubicación 175 kilómetros al sur de San José del Guaviare, sobre el río Apaporis.
Además de las lluvias, también el frondoso follaje y árboles de hasta 40 metros de altura dificulta la visibilidad de la tierra.
Fue este lunes, cuando comenzaban acabarse los restos de optimismo, que parecieron los restos de la aeronave y de los tres adultos. Ocurrió después de «más de 370 horas de trabajo continuo», según las autoridades. Entre ellos, la madre de los chicos. conocer a una mamadera a kilómetros de distancia. Desafortunadamente, la pista probablemente se volvió falsa.
Así, de los menores no había rastros, lo que arrojaba que tal vez hubieran huido todos juntos, puro instinto fraterno, en busca de un refugio. Estas renovadas ilusiones se tradujeron en el nombramiento del «Operativo Esperanza».
Se reforzó la cantidad de personal afectado a las labores: desde el lunes y hasta este miércoles más de 100 miembros de las Fuerzas Militares patrullan la zona. Los acompañaban tres perros alterados en búsqueda y rastreo. Uno de ellos encontró la punta del hilo para llegar a los niños.
El can se llama «Ulises». Su olfato aceleró las novedades del operativo en las últimas horas, en un espíritu de optimismo que creció en alegría con la ubicación de los sobrevivientes. Para eso, sin embargo, aún faltaban varias horas.
Gracias a Ulises, las Fuerzas Especiales localizaron un refugio «construido de manera improvisada con palos y ramas», indicando las autoridades. Allí había también tijeras y gomitas para atar el pelo. El hueso fruta sobranteque hubieran consumido los pequeños supervivientes, eran más indicios que insuflaban «ánimo y esperanza».
Los helicópteros sobrevolaron la zona. Como la vista no alcanzaba, llamado otro sentido: el oído. y tambien al corazon.
Uno de los helicopteros fue equipado con un altavoz especial«capaz de cubrir un área de cerca de 1.500 metros», una escena escapada de las más mágicas páginas de García Márquez.
A toda potencia, reproducida un mensaje ingresado por la abuela de los niños. En Lengua Huitoto la mujer exclamaba a sus nietos que los estaban buscando y les pedía que no siguieran avanzando por la selva.
«Lesly, el pido un favorito, eso yo soy su abuelita Fátima. Tiene que estar quieta porque el Ejército los están buscando para bien de ustedes. Hija, la agradezco que esté quieta. Si usted escucha micrófonos, hija, esté parada ahí para que ellos la encuentren y la traigan», decía la abuela en el audio, según recogió el diario El tiempo.
Un mensaje que, pero todo su contenido, llama al corazón ya los instintos pero básicos, que llegaran tiene una niña preadolescente (la más «veterana» del grupo de niños perdidos en la selva) pero también a los más chicos que lo asociaran con los centenarios de arrullo de abuela.
A esa altura, el operativo ya contaba con aporte el de las fuerzas especiales de las Fuerzas Militares, la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), el Servicio de Búsqueda y Rescate (SAR) de la Aerocivil, la Defensa Civil, el Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja Colombiana y miembros de la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (Opiac), fundamental para el conocimiento del territorio.
Este miércoles a las 16.47 (hora local; 18.47 de Argentina), Gustavo Petro dio la confirmación a través de sus redes.
«Después de arduas labores de búsqueda de nuestras Fuerzas Militares, hemos encontrado con vida a los 4 niños que habían desaparecido por el accidente éréeo en Guaviare. Una alegría para el país», escribió el presidente colombiano.
Y en medio de la tragedia, después del terror, la esperanza y los ruegos de abuela, Colombia pudo celebrar a sus pequeños sobrevivientes.
Información de las agencias.
DS






