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“¡Se siente, se siente, Horacio presidente!”, gritaban en enero de 2011 los miembros de una Asamblea del entonces opositor Partido Colorado de Paraguay tras habilitar a un magnate tabacalero como…

“¡Se siente, se siente, Horacio presidente!”, gritaban en enero de 2011 los miembros de una Asamblea del entonces opositor Partido Colorado de Paraguay tras habilitar a un magnate tabacalero como precandidato a la jefatura del Estado que ganó dos años más tarde.

A esos “colorados” _como se conoce a los miembros del grupo conservador encabezado por el aún mandatario Horacio Cartes_ todavía les pesaba la derrota de 2008, cuando perdieron las elecciones presidenciales ante el exobispo católico Fernando Lugo, líder de una coalición multipartidaria cuyo triunfo rompió con 60 años de hegemonía política.

Ahora Cartes, de 61 años, está a punto de terminar su mandato tras cinco años de gobierno y entregará el mando en agosto a quien resulte vencedor en los comicios que se llevarán a cabo en Paraguay el domingo.

En la actualidad no pareciera que entre los paraguayos se mantenga el fervor que sentían quienes gritaban su nombre esperanzados algunos años atrás. Sin embargo, no es posible calcular el número de simpatizantes o detractores de Cartes, ya que en Paraguay no se realizan encuestas para medir la popularidad de los gobernantes.

Diosnel Benítez, líder de campesinos dedicados a la agricultura familiar en el norteño departamento de San Pedro, el más pobre de un país cuya economía depende en gran medida de su agricultura y ganadería, cree que Cartes «se va sin fortalecer a los auténticos labriegos con parcelas de diez a quince hectáreas para cultivos de rubros de subsistencia y venta».

«El gobierno se ocupó de ayudar a los grandes productores de soja y girasol, pero los campesinos seguimos sin mercado, sin caminos transitables todo el año, puestos de salud deficientes, sin asistencia de créditos blandos», agrega.

Por su parte, Antonio Rodríguez, cajero de una tienda de golosinas y bebidas, asegura que durante el gobierno de Cartes comenzó ganando el sueldo mínimo (unos 388 dólares mensuales) y sus ingresos no han incrementado. “Veo que los clientes tampoco mejoraron. No puedo decir que mi vida haya mejorado económicamente».

Para muchos, además, Cartes deja el país sudamericano cargando la muerte de un dirigente juvenil opositor que perdió la vida en circunstancias no esclarecidas por las autoridades y el incendio en marzo de 2017 de una parte del edificio del Congreso durante una protesta nacida tras mostrar intenciones de mantener el poder.

La tensión estalló porque Cartes trató de modificar la Constitución, que prohíbe la reelección, a través de una enmienda que además de contar con su apoyo tenía el respaldo de la coalición opositora.

Los disturbios resultantes perturbaron el ambiente que por lo general se mantiene pacífico en Paraguay e incluso llevaron al papa Francisco a difundir un mensaje desde El Vaticano: “perseveremos sin cansarnos evitando todo tipo de violencia, buscando soluciones políticas», dijo el pontífice en abril del año pasado.

Y aunque a la larga Cartes renunció a la posibilidad de reelegirse, para algunos su gestión quedó marcada por ésta y otras decisiones.

Algunos como Héctor Crisaldo, presidente de la coordinadora agrícola, piensan que el gobierno favoreció zonas productivas del norte y el este con la construcción de caminos, puentes y otras obras viales. Sin embargo, otros como Eduardo Felippo, presidente saliente de la patronal Unión Industrial Paraguaya, sienten que Cartes mostró cercanía con los gremios al inicio de su mandato, pero en los últimos años mostró indiferencia.

El analista político Ignacio Martínez dice que el legado de Cartes «es contradictorio porque si bien logró que los funcionarios públicos comenzaran a mejorar el servicio a la comunidad cuidando los recursos públicos, ejerciendo mayor control y mostrando transparencia, no pudo vencer a la pobreza estructural».

Martínez recordó que la pobreza en 2017 trepó al 28,9% respecto del 26,6% de 2016, lo que implicó que de los 6,7 millones de habitantes que tiene el país, 1,9 millones son pobres. A estos datos, respaldados por la Dirección de Estadísticas y Censo de Hogares, se suma una tasa de desempleo de 8,3%.

Otra herencia de Cartes, opina el analista, será la deuda externa. “Cuando asumió el mando en 2013 era de 2.674 millones de dólares pero hasta enero pasado llegó a 5.592 millones de dólares. Hubo un aumento de 109%, según el ministerio de Hacienda… Esa deuda se incrementó por la venta de bonos soberanos que se usaron en obras viales».

En las elecciones del domingo, el poder se disputará entre Mario Abdo Benítez, por el oficialista Partido Colorado, y Efraín Alegre, del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). Sin embargo, Cartes no abandonará el gobierno del todo: como a Nicanor Duarte (2003-2008), la Justicia Electoral lo habilitó para competir por un curul en el Senado y aunque la oposición trató de impugnarse, la Corte Suprema avaló la decisión.

Aun así, sus detractores no se dan por vencidos. El senador Miguel Abdón Saguier, del opositor PLRA, asegura: «no le dejaremos asumir funciones a Cartes y Duarte. Haremos todo lo necesario para impedir que integren el Senado. Deben irse a su casa como vitalicios».

Cartes nació en Asunción en 1965 y su padre fue un importador de avionetas fabricadas en Estados Unidos. Tiene tres hijos y entre las empresas que creó destacan el Banco Amambay, una tabacalera y una compañía que administra el Club Libertad, de la primera división del fútbol paraguayo. Al asumir el poder dijo haberse desligado de sus negocios para no crear conflicto de intereses, pero nunca precisó a quién los cedió.

En los años 80 fue procesado por señalamientos de la fiscalía que lo involucraron en evasión de divisas, pero el ilícito no se comprobó y recuperó su libertad tras pasar dos meses en la cárcel pública de la capital.

Se afilió al Partido Colorado en 2009.

Fuente: Actualidad

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