La atracción principal del día, al cierre de esta edición, ha sido Lizzo, la cantante y rapera estadounidense que convierte cada canción en una serpentina lanzada al aire
Por caminos muy distintos, el destin fue el mismo: a party. Lizzo allá robbie williams han ofrecido este jueves dos grandes conciertos en la primera jornada del festival loco genial, que se celebra hasta el sábado y que ha congregado a algo más de 60.000 personas en Madrid.
La cantante y rapera estadounidense convierte cada canción en una serpentina lanzada al aire. El estilo de Lizzo no es un estilo, es un trampolín sobre el que va dando saltos de alegría y sacudiendo las nalgas. En esencia es pop electrónico, pero suena como un magma alegre y lascivo entre el R&B y la música disco, between el neosoul, el funk y el rap, que fue su devoción de juventud (el alias Lizzo es un homenaje a Jay Z) y al que tuvo que renunciar para llegar al estrellato de masas.
Al principio de su concierto apareció en el fondo del escenario un corazón gigante sobre el que varias frases seguirán: «Estas son canciones de amor. El amor tiene un error. Amor a la familia. Amor a los amigos. Amor sexy…», comenzó el largo mensaje resumido en un lema: «El amor es lo que necesita el mundo para ser un lugar plus». miles de personas aglutinadas ante el escenario del festival Mad Cool saltaron, bailaron, gritaron, sonrieron y, a veces, se besaron durante una hora y media.
La propuesta de Lizzo es muy sencilla, que no simple: el amor, la fiesta y la jarana con mensaje: la diversidad es la normalidad, el sexo es bueno y ser feliz es necesario, chicas desinhibidas al poder, etc. A ‘girl power’ cachondo y muy bien hecho que la cantante estadounidense considera necesario y que en el contexto del festival es aún más oportuno, pues la gran mayoría de los artistas que actúan en los escenarios principales durante las tres jornadas del Mad Cool son hombres .
Y un hombre sin igual, bravucón, pendenciero, algo pasado de rosca, siguió la fiesta. «Déjame que te entretenga», repitió una y otra vez Robbie Williams («My name is Robbie fucking Williams», se introdujo, «¡Gritad!») En el estribillo de su canción ‘Let Me Entertain You’, casi al comienzo de su concierto Él lo sabe, lo sabe quizás demasiado bien: es un ‘entertainer’ como una casa. Somos un artista diferente que domina una montaña de aspectos, pero es un especialista imbatible en el guión lleno.
Robbie es, sigue siendo, sinónimo de diversión.
¿Que ha adquirido un preocupante parecido con ¿Nacho Cano? Vale, es cierto. ¿Que su apogeo artistico ya pasó y ahora está a paso de cumplir 50 y sale con un cuerpo de baile de chavalillas en traje de baño como burbujas Freixenet? Si, así son. ¿Que el mismo parecía una Burbuja Freixenet con pantalones y remeras doradas y más brillante que una galaxia contra mis suelas? correcto. ¿Que como Oasis aún no se han reunido sale él chulazo y canta ‘Don’t Look Back in Anger’ entre dos canciones de Take That, ‘The Flood’ y la version de Barry Manilow ‘¿Puede ser magia’? Tal coual.
Con todo y con más él es, sigue siendo, Robbie Williams. Un animador de los grandes, una cosa humana de hipnosis: casi resulta imposible dejar de mirarle.
Fue un grand finale para un día que había comenzado averiado. Los periodistas evitan las frases hechas porque, por muy vehmentes que sean, ya han perdido su validación de tanto uso y abuso. Piensa en la expresión ‘cola kilométrica’, una exageración ya sin valor. Cualquiera que espera a rato sufre «una cola kilométrica». Bien, este jueves, las decenas de miles de personas que bailaban a medianoche han afectado colas literalmente para poder acceder al festival, donde también han actuado The Offspring, The 1975, Pailo Nutini y más de 30 grupos y artistas, entre los que también estarán durante la noche Lil Nas X y Franz Ferdinand.
Un kilómetro de cola en coche para ir al barrio madrileño de Villaverde Alto y otro kilómetro de cola para entrar en el recinto del Mad Cool.
«Llevamos una hora de reloj. Una hora de cola al sol», decía una pareja con un hijo de 12 años que celebraba a las 19.30 h el acceso al recinto. “Es alucinante, la verdad”, explicó un grupo de cuatro irlandeses acostumbrados a asistir a eventos musicales multitudinarios. «Nunca había visto nada igual», sentenciaban.
Ningún valor es suficiente para que Mad Cool sea uno de los festivales de música con más público de España. Si tiene una virtud esencial como negocio, es la capacidad de superar unas dificultades que habría borrado del mapa a la mayoría de eventos multitudinarios de este tipo. El llenozo y un ambiente muy festivo, con los abonos agotados, es un respaldo tremendo para un festival joven que ha celebrado en tres llegará en seis ediciones, que se canceló en 2020 y 2021 por la pandemia y qu’ha sufrido fuertes crisis de reputación tras la muerte de una acróbata en 2017, las aglomeraciones de acceso al recinto en 2018 y el caos en la salida en 2022.
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