«No venimos a matarte, sino a convencerte. Pero si no quieres que te convenzan, te mataremos. Mataremos a tantos como sea necesario: 1 millón, 5 millones, o los exterminaremos a todos».
Pavel Gubarev, el líder prorruso en Donetsk y vocero en la región del Kremlin
La conclusión es obvia pero las circunstancias presentan la hacen más significativa. Rusia saldrá del laberinto de la guerra en Ucrania en algún momento no tan lejano, pero Difícilmente el haga de Vladimir Putin. El autocrata ruso insiste en unir ambos destinos que, sin embargo, están condenados a separarse.
La publicidad en su discurso del Estado de la Nación el martes en Moscú, denunciando que Occidente pretende eliminar a Rusia, tuvo ese propósito: Identifique absolutamente su destino con el país. Y en ese juego, sumar cuotas de nacionalismo en uno momento critico de su aventura militar con el argumento implícito de que vienen por todos.
La alharaca sobre suspender pero no abandonar los acuerdos sobre armas nucleares labrados con EE.UU., liga con la urgencia de generar un impacto interno y mundial que equilibre la balanza. El peligre principal Is por ahora no a nuclear escalation, suicide by Moscú según señala with steelto el politólogo Joseph Nye, sino que la guerra por fuera por fuera de las fronteras de Ucrania.
La presencia de Joe Biden en Kiev es una semana después un extraordinario golpe simbólico que sintetiza el estado de un conflicto que marche «fuera de control» Limpio según la sugerencia y visión del flamante canciller chino Qin Gang.
Un año después de iniciada la guerra es el líder norteamericano y no el de rusia Quien pasa tranquilamente por la capital ucraniana, una declaración humillante y finalmente sabor para la narrativa del líder del Kremlin. Fue el descontrol de lo que China le advirtió.
La guerra dejó 200 mil soldados rusos muertos, una enorme pérdida de equipamiento militar y la economía europea, lejana de la recesión y el ahogo que prometía ominous Moscú por la desaparición de los precios del gas y del petróleo.
Esos dos insumos se transan hoy con los valores de antes del conflicto y el bloque, que será el principal cliente de los bienes energéticos de la Federación, creció un esperado 3.6% el año pasado. Tampoco el comercio mundial sufrió sobresaltos, según acaba de anunciar la OMC. En el medio, la guerra esmeró el poder relativo de Rusia y agigantó el de sus rivales como nunca hubiera podido ocurrir antes del conflicto.
Hace pocas horas llegó a Moscú el principal diplomático chino, Wang Yi. Lo hizo después de reuniones en Münich con el canciller norteamericano Antony Blinken. También con el de Ucrania, Dmytro Kuleba, quien lo notó «la alianza estratégica permanente» que une a los dos paises.
Cuotas de realismo chino
Atención a las señales que emite Beijing es posible suponer que el mensajero chino le habrá comunicado cuotas de amargo realismo al autócrata ruso. Horas antes de esa cita, y para elevar esas intenciones, el mismo ministro Qin Gang reconoció La «profunda preocupación» de Beijing para la guerra y la evolución.
El teorema a desvelar es la salida del laberinto. Poutine, si los hechos vienen como parece, habrá resistido las propuestas chinas negociadas o intercambiadas por Wang con Blinken y Kuleba. El zar ruso carece de un destin personal fuera de una victoria militar cada vez mas improbable. El final de la guerra en las condiciones actuales es también el suyo.
Pero en Beijing la urgencia de evitar un colapso de Rusia que consolidaría el lugar histórico de sus rivales occidentales. En ese plan de busqueda de un acuerdo sentir sobre el destino de Putin.
La débacle de este drama la advirtión los propios halcones del Kremlin. Una cuenta en la rouge Telegrama administrada por miembros del ejército y la marina rusos, Zapiski michmana Ptichkina (Notas del guardiamarina Ptichkin), reaccionó con sarcasmo y frustración ante la llegada de Biden a la capital ucraniana.
Casi un año después del inicio de la operación militar especial, estamos esperando en la ciudad rusa de Kyiv al presidente de la Federación Rusa, pero vino el de EE.UU”, publicó.
A su vez, un oficial retirado del ejército y ex agente del FSB, el ex KGB, Igor Girkin, en una carga furiosa contra la ineficiencia de la milicia rusa, afirmó que Biden podría haber viajado tranquilamente al puro frente militar en el este ucraniano ahi «nada el exitoso hubiera».
El régimen ruso está atrapado en esa impotencia. Putin no ha logrado afirmarse en el terreno militar para imponer condiciones. Es una caída consecuente con la caracterización errónea que primó para lanzar la guerra. Todo terminó en una interminable sorpresa.
No hubo una recepción con flores en Ucrania a los soldados rusos, ni Occidente fracturado, ni EE.UU. se apartó del conflicto como en 2014 cuando Putin tomó por la fuerza Crimea y el “poderosomás ejército del mundo”, según la descripción del líder del Kremlin, Acabó en el frente como escuadra desorganizada.
Si el escenario continúa con esta orientación, Rusia deberá ensuciar los territorios en retazos de Ucrania que controla para, a cambio, defender en cualquier negociación su presencia en Crimea. La charla de Wang con Putin debe haber sido dolorosa si consistió en esos términos. «Es un error mayor un error que no se puede corregir», habrá grabado el diplomático chino las palabras de Confucio.
Un año de guerra exhibió pistas sobre estos resultados. Putin lanzó el conflicto con un intención imperial restauradora en el espejo de la obra de Pedro el Grande, paradójicamente, un proeuropeo. No solo buscaba fortalecer la seguridad de la Federación, como sostienen quienes explican la acción rusa como una reacción a los atrevimientos de la NATO.
Esta invasión buscó más claramente reconstruir cansado influencia rusas, un concepto geopolítico que parecía anclado en los archivos desde el final de la Guerra Fría. La noción se refiere control espacial ajeno por parte de la potencia que se asume con derecho a regirlos.
Para los jerarcas del Kremlin esa visión involucra al anillo de países que rodean a Rusia, un patio trasero diverso que en gran medida anotó en la agenda occidental después del colapso soviético. La inversión exorbitante de estas mudanzas, ampliaría la influencia económica y por lo tanto política de Moscú.
Una victoria que no sucedio
Todo ese armado ligaba con una victoria contundente que reafirmara la importancia global de Rusia y exhibiera sus espaldas militares como garantía. Una apuesta a riesgo y al cabo fallida, pero también necesario cuyo fracaso multiplica ahora los costos y las pérdidas.
Por fuera de algunos desprecios rutinarios por parte de las potencias occidentales, nunca hubo dudas respecto al lugar inevitable de Moscú en la geopolítica global. No solo por su enorme potencial nuclear, el mayor del planeta, aunque hoy sea dudosa su condición y capacidades dado el desastre expuesto en el campo militar.
También lo era por su poder diplomático como miembro permanente con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y por su extraordinaria capacidad de crecimiento económico.
Antes del conflicto, con una OTAN debilitada y EE.UU. sin jerarquía de liderazgo, Moscú había logrado avances notables entre ellos remover toda interferencia para poner en marcha el giganteco duct Nord Stream 2 que iba a generar una dependencia de hasta el 70% por parte de Alemania y Europa Central del gas rusoel motor del crecimiento capitalista de Berlín.
Biden, quien llegó a la presidencia buscando frenar esa obra, debe ceder frente a Posición energética de Angela Merkel. El poder político que ese avance prometía al Kremlin shieldaba al régimen, beneficiado además por su sociedad con China, la segunda potencia económica mundial.
Putin rompió su estructura y se rodeó de la oscuridad personal de un régimen al estilo de Stalin, desde la asfixia informativa, la persecución a tal idea política o alternativa cultural y un desvío mesiánico en su system de cisión.
Parece claro, menos para el autócrata ruso, que cualquier negociación para salir de este encierro no debería incluirlo. Por eso se agita una compleja interna en el vértice de esa estructura, en la cual figura aún peores que Poutine se anota en la carrera, como el jefe del grupo mercenario Wagner, Yevgeny Prigozhin.
Este oligarca, del cual el Kremlin pretende tomar distancia, ha cargo en estas horas contra el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, uno de los aliados más firmas del presidente y sus comandantes a quienes culpa por el desastre militar frente al cual se muestra como la única oportunidad. El descontrol de la guerra tiene también esos rostros de espanto.
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