Resida desde hace unos meses en una vivienda ocupada junto a tres compatriotas marroques en pleno centro de la ciudad. No llam nunca la atencin y no se relacionaba con la comunidad musulmana. Hay quien apunta a que lleg con el propsito de matar, aunque hay datos que apuntan a un brote psictico
una Misbaha cuelga de una puntilla. Se une a la puerta del diminuto baño, en un patio estrecho, parcialmente cubierto por una uralita, que da paso a la habitable poco queda de lo que antao fue una casa de vecinos. Un saln adosado a una cocina y un par de habitaciones con colchones en el suelo. Nada ms.
Apenas entró la luz y un intenso olor a humedad impregnado cada rincón. La estancia, de apenas unos metros, está pobremente amueblada con un par de sillas y una mesa en la que una jarra con restos de cacao ha quedado a medio terminar junto a un motón de documentos. Sobre las sillas, ropas tiradas de cualquier manera y en el suelo, unas barras de pan. Él logrado y ahí sucio lo dominando todo.
Entre todo el caos, lama la atención montaña de frmacos que alguien dej abandonados, cajas y cajas de pastillas, muchas de ellas habitualmente recetadas para enfermedades neurológicas. Los medicamentos no podrán ser un detalle menor, puesto que un trastorno mental, un brote psíquico, es una de las hiptesis que se manejarán para explicar el ataque, sin descartar tampoco una motivación yihadista.
Él Misbaha y algunos documentos con numer rabes delatan que los inquilinos de esta mezcla de ruina y basura eran un puado de hombres muslims, marroques por ms seas y que uno de ellos era Yasin Kanzael joven de 25 aos que este mircoles esta armado con un machete y sembr el pnico detras de las principales iglesias de algeciras, el de san isidro del mismo La Palma.
Apenas cien escalones separan la vivienda, situada en el número 10 de la Calle Ruíz Tagle, de la Iglesia de San Isidro. Esos cien pasos son los que recorri Yasin Kanza para perpetrar el ataque que dej malherido al prroco de San Isidro, antonio rodriguezcuando acababa de celebrarlo puso en la capilla de la Hermandad de Medinaceli.
El camino, que conoca bien, lo hizo dos veces. La primera no de insultos y amenazas a los feligreses. La segunda ya iba armado con un machete de grandes dimensiones que haba recogido en su casa y con el que convirti sus amenazas en una trgica realidad qu’a punto estuvo de costarle la vida al sacerdote, al que dej malherido en el suelo y en medio de un charco de sangre, segn los testigos.
Yasin volvi de nuevo sobre sus pasos para dirigirse a la iglesia de La Palma, en la cercana Plaza Alta de Algeciras y all perpetr su segundo ataque, el que le costó la vida a sacristán, diego valenciaque cay, abatido, muy cerca de las puertas del templo, donde el agresor le remat.
Un joven tmido y callado
Desde su refugio, el asesino escuchaba a diario las campanas de San Isidro y las de La Palma, conoca sus horarios y se cruzaba a diario con los fieles, la mayora de edad avanzada, que frecuentaban sus oficios. Pero Yasin pasaba desapercibido, era prácticamente invisible. Silencioso y tmido es como le describe los pocos que se han fijado alguna vez en este muchacho, que poco se distingue de los que pueblan Algeciras. Ni siquiera el hecho de que viviera en un barrio en el que la presencia de Musulmans es testimonial llam la atencin sobre l.
Era uno ms de los cuatro jvenes marroques que malvivan en la antigua casa de vecinos, ocupada desde hace unos cuatro aos y convertida en una casa paterna donde iban y venan inmigrantes cuando llegaban a Algeciras, la mayora de ellos de paso hacia otros lugares.
Ni siquiera el dentista que vive (y trabaja) en la casa ubicada justo enfrente se haba fijado en Yasin. «No, no la reconozco», dice Corina Mora cuando se le muestra la fotografa del asesino difundida por la Polica Nacional a las pocas horas del double attack del mircoles.
En esa casa, cuenta, ha visto entrar y salir a muchos jóvenes muy parecidos al asesino del sacristán de La Palma. «Eran todos similares», seala, y ella, como la mayora de los vecinos de este barrio -donde la media de edad es alta, muy alta- no quera problemas.
Tampoco es que Yasin y sus compañeros diesen mucho la nota. Por lo general, explica, no hace demasiado ruido y, de hecho, en los años que hace que convive con los ocupas magrebes solo en una ocasión, con motivo de una celebración en la fiesta del cordero del calendario musulmán, tuvo que llamarles la atención.
En los alrededores es dificil encontrar a alguien que le conociese. Uno de ellos es un tendero que regenta una tienda en la cercana calle Sevilla y que alguna vez le vendi a Yasin algunas latas de conservas o refrescos. Descríbalo como un joven tmido y callado, que apenas chapurreaba el español y que siempre andaba corto de dinero. Hasta el punto de que, en alguna que otra ocasión, le dejaba a deber algunos cntimos cuando lo que llevaba encima no le daba para pagar la compra.
El invisible Yasin Kanza lo era igualmente para la nutrida comunidad Musulman de Algeciras. Un círculo de 20.000 rabinos se reunirá en un diario con la población local, excepto que el alcalde se concentrará en el barrio de La Caridad, donde se ubicará la mezquita principal, la más antigua y la más importante.
Por todo aparecio alguna vez el agresor. Lo cuenta el imn, Mohamed el Mkdaddem, que recuerda que el da que le vio nada le llam particularmente la atencin en l. «Hizo algn comentario sobre el respeto a la religin y la mezquita», pero poco ms, dice el tambin presidente de la Unidad de Comunidades del Campo de Gibraltarque rechaza de forma contundente que lo sucedido tenga algo ver con el Islam.
Ni en La Caridad ni en el barrio alto, entre San Isidro y La Palma, era Yasin poco más que una sombra a la que pocos, muy pocos, ponan cara y, menos an, nom. Hasta este mircoles, cuando presa del yihadismo radical o de un brote psictico (est por ver) sali de las sombras.
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