A las 12.00 punto el presidente de Osasuna, luis sabalzatomó el Chupinazo que estalló junto con el grito de una misa enfervorizada, frenética, etlica: «Pamploneses, Pamplonesas Viva San Fermn! Gora San Fermn! ¡No de nuestro rendiremos! ¡Apá Osasuna!«. La sonrisa de la nueva alcaldesa, cristina ibarrola, reflejaban la alegría por estos Sanfermines de la consolidación. Que obtuvo hace 365 y en este jueves 6 de julio muy de maana.
A las 9.00 ya haba mozos en la terraza del Hotel Yoldi -blanco inmaculado, fajn rojo a la cintura, el pauelico en la muecare- regndose la garganta con una caa. A precalentamiento ante el almuerzo that precede a todo lo dems. Ya lo deca hace poco Induráin, que su energa vena en bocadillos y por aqu son de magras, ajoarriero, chistorra, ligericos. Los huevos fritos – siempre rodeados de panceta, ms ajoarriero, ms chistorra, y ms, y ms-ornaban las mesas infinitas de las terrazas del tradicional almuerzo por toda Pamplona. Beige temprano.
A las 9.30 las cuadrillas de chavales -se sobreentiende que tambin chavalas- caminan cargadas con bolsas de litros y litros de alcohol que corren por sus venas. Bermudas se han impuesto, lamentablemente, como vestimenta. en las puertas del bar nevada, una de las barras imprescindibles, en el número 14 de la avenida de San Ignacio por la que baja la riada humana, concentran los clásicos, Veteranos de guerra que han sobrevivido a 50 Sanfermines, y noted en su estar, su blanco uniform -de pantaln blanco- y en los cnticos. En un balcón sotavento en una pancarta «Libertad para Assange». San Fermn tambin es esto.
Par las calles uno tropieza con todo aquello que sedujo a Hemingway hace 100 años exactoscuando aterriz como del corresponsal estrella de toronto: la música, la alegría, la invasión de la calle, la transgresión pactada. Y la religión como fuerza motriz. Y el toro como dios. Las cancelas de la iglesia de San Ignacio de Loyola permanecieron cerradas -pese al anuncio de adoración perpetua de la Eucarista- y por la puerta de hierro forjado del jardín de la Diputación de Navarra -el conjunto de edificios del Gobierno se hace monumental- emana el Ruido Pacífico de la Fuente. Que contrasta con el ambiente de Mogadiscio que inunda ya el Casco Antiguo.
Hay agentes de la Polica Foral controlando cada uno de los accesos a la Plaza del Castillo. A las 10 horas, las interminables mesas del Bar Txokodel casino eslava, del bavierael mtico Irúa, Componen un lujurioso espectáculo. Un hombre rico que se hospeda en el Gran Hotel La Perla -y slo por ello se le supone la condicin de rico- se asoma a la terraza del primer piso con gafas de sol, el pauelo rojo al cuello, el torso desnudo y una toalla a la cintura. Y por la excentricidad tambin se le ve rico. Y recin duchado. El contraste con la legin de negros que venden sombreros de coloureds, collares, gafas, abanicos, es abisal. Esa lucha por la supervivencia.
Control S
Una barrera de Policas Municipales establece un control por la Calle Chapitela que conduce a la plaza del Ayuntamiento, escenario mayor del Chupinazo. Registran bolsas y le hacen quitar el tapn a las botellas de plstico de ese Don Simn que viene ya mezclado como tinto de verano. Como si accedieran al campo de fútbol. Crystal no pasa ni una. «Basure tapones», ordena una fibrosa agente rubia entre sus fornidos compaeros. La cuenta atrs haca el Chupinazo viene de la noche anterior, cuando ya se carga la suerte. Queda todava una hora y media y ya hay algn mozo pegando cambays. Las curdas tambin madrugan.
Al final de la calle, casi esquina con Calceteros, apostados contra la pared, un escuadrón de intervención rápida vigilan en posición de descanso sobre los cascos y escudos antidisturbios. Si hay que entrar, los imagino en formacion de tortuga romana. Calceteros da a la misma plaza del Consistorio. A tipo con un chubasquero amarillo -aqu hay que come con chubasquero- enarbola en su espalda el orgullo de su pueblo: «Morn ya est aqu. Viva San Fermn!». Y dicho y hecho, lo de la necesidad del chubasquero, empieza la lluvia de calimocho, tintos baratos, líquidos alcohólicos de toda ndole y gradacin. Cánticos tribales, gritos de fondo Sur, de todos los ultras del mundo, ecos de campos de fútbol, una mezcla de acentos.
Desde los balcones del hotel pompaelo los huspedes cuelgan sobre la bacanal y riegan a la pea con sidra El Gaitero. Tanto lujo para tanta pobreza. Desde las casas alejadas, en los balcones de enfrente, que han pagado un pasado por su ubicación -600/700 euros por persona; caben 10-, presencia con los ojos en la nuca la fiesta mayscula. Un helicóptero de la Policía Nacional sobrevuela la plaza; también un dron. Vuelvo pensó en el Black Hawk derribado. Y en sucio de aqu en un Hunvee.
«Ha regresado el turismo extranjero»
«Se nota que han vuelto los americanos», dice alguien en estos Sanfermines de la consolidación: ha regresado el turismo extranjero -la ausencia del oriental tambin se dej sens- y su dinero tras la pandemia y el ensayo de las fiestas de 2022, cuando a haba miedo. La alegría por el regreso del turismo extranjero es inalcanzable. Supuso 40 millones el ao pasado, todava mermado. Este ao las previsiones arrojan datos y optimismo a espuertas.
A las 10.51 entras las cmaras y corresponsales de TVE. Pobrecillos. Deseo suerte a cada valiente.
A las 11.30 todas las camisetas ya lucan entintadas -de tintorro- y botaban y botaban. De muchas ventanas colgaban banderas de Osasuna, pues ese era el asunto: el presidente del club Luis Sabalza lanzaba el chupinazo por una «temporada histrica» el centenario del club que no pudo celebrarse en (2020). Sabalza y el irreductible espíritu rojillo no se han dejado vencer en estos das por la exclusin de la Conference League. Una llamada a que prevalece la fiesta. Compaado de los dos capitanes del equipo david garca allá Unai García -como Hernndez y Fernndez- y muestras de resistencia: «Osasuna no se rinde!».
No faltaron quienes siempre pretendieron politizar y joder la fiesta más universal de esta Navarra foral y española desplegando Ikurrias gigantescas, eslganes de un «sozialismo» filoetarra. Desde la fachada de la Casa Consitorial colgaba la bandera de España entre las de Pamplona, Navarra y Europa. Ya no se puede respirar en la plaza. Llegaron pauelos y bolas de amarilla.
Hordas bajando de Seguan. Y sub a contramano por la curva de Mercaderes con Estafeta. No es lo mismo correr que huir. Eso siempre está claro.
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