la palabrería»banco suizo»equivalían hasta ahora a seguridad financiera. Independientemente de la nueva crisis que atravesó nuestra asediasis, un banco suizo era ese agente económico que, por definición, siempre caería de pie, en cuya complicidad las grandes fortunas pudieron confiar ciegamente. Hasta la quiebra de Credit Suisse, el más antiguo de ellos, qu’ha demostrado que la incertidumbre que caracteriza nuestro tiempo económico afecta también a los santones alpinos.
El informe del primer trimestre de la entidad supone una impactante radiografía de la debacle: las cifras muestran que sufrió una reducción masiva de depósitos por valor de 67.000 millones de francos, unos 68.300 millones de euros en apenas dos días y admite que la restricción de liquidez “fue especialmente fuerte en los días inmediatamente anteriores y posteriores” al anuncio de fusión con UBS. «Se estabiliza en niveles muy loweres, pero a día de hoy la situación no se ha revertido todavía», reconoce la entidad de Zúrich, que ha sufrido en 2020 un episodio de pérdida de 125.000 millones de euros, una cartilla de gorro sobrio el cambio de paradigma financiero que bien pudo ser tomado como aviso a navegantes.
Credit Suisse, que si operaba como entidad independiente hasta que se consuma la fusión, anotó aún así una ganancia de 2.600 millones de euros que se explica en la cancelación de los bonos AT1 asociados al banco que ordenaron las autoridades suizas el día de la fusión: 15.300 millones de euros Esta orden ha llevado a numerosos tenedores de bonos a presentar denuncias contra las autoridades suizas por las pérdidas sufridas, oa anunciar su intención de hacerlo, tanto dentro como fuera del país helvético.
En el curso de la adquisición por parte de UBS, los bonos AT1 por valor de unos 16.000 millones de francos suizos fueron declarados sin valor. In el informa aparece otra ganancia inesperada en la ventea de una parte significativa de los productos bursatilizados de Credit Suisse a la neoyorquina Apollo, como parte del proceso de reestructuración con la que la entidad intentó desprestigiar su crisis. En conjunto, aparecen ingresos por valor de 18.467 millones de suizos franceses, cuatro veces más en el mismo período de 2022, frente a unos gastos operativos de 5.620 millones de francos suizos. Excluyendo las operaciones extraordinarias, el banco tuvo en el primer trimestre de 2023 pérdidas ajustadas de 1.316 millones de francos (1.340 millones de euros) y por encima del total de activos descendidos en el periodo enero-marzo hasta los 540.291 millones de francos (551.000 millones de euros), una 7% menos que hace un año.
El caso es que, mirando la serie estadística, se descubrió que lo ocurrido no fue exactamente una sorpresa. Credit Suisse se registró en 2022 por un importe de 7.293 millones de francos suizos (7.400 millones de euros) y registró, en concreto para los últimos meses de este mes, un saldo de caja de 123.200 millones de francos, lo que ha contribuido a la crisis de confianza que desembocaría en la crisis final, en el que tuvo que obtener el crédito del emisor, el Banco Nacional Suizo (BNS). A 31 de marzo, según el banco, este crédito asciende a 108.000 millones de francos (110.200 millones de euros). El banco destaca que ya se han reembolsado 70.000 millones de francos (71.400 millones de euros), de los cuales 60.000 millones de francos se pagarán en el primer trimestre y otros 10.000 millones en este mes de abril. Las pérdidas acumuladas por la entidad, junto a los numerosos escándalos de imagen y la caída de confianza de los inversores en las acciones hicieron ya imposible sofocar el incendio.
Estos resultados de Credit Suisse se publican tres días antes de lo esperado inicialmente y antes que los programados por los compradores y rivales UBS, que se esperan mañana martes. Seguramente este sea el último informa de resultados que crédito suizo presentado de forma independiente. La directiva insiste en que si trabaja junto con UBS para garantizar que la fusión “se completará en su momento”, aunque el cierre de negocios podría demorar meses.

