contraEsta es una de las paradojas actuales: en el mismo momento en que la cuestión del trabajo vuelve a ser central debido al movimiento social contra la reforma de las pensiones, asistimos a un resurgimiento del discurso sobre el fin del trabajo. Futurólogos, ensayistas y periodistas se han hecho esta pregunta: ¿por qué movilizarse contra el aplazamiento de dos años de la edad de jubilación, cuando la inteligencia artificial (IA) revolucionará el mundo del trabajo?
Según foros y posiciones, empleados y estudiantes no habrían entendido dónde están los peligros reales del momento. Incluso se equivocarían al presentarse, porque elevar la edad legal de jubilación no sería nada comparado con los peligros de la inteligencia artificial o ChatGPT. Se anuncia entonces la pérdida de millones de puestos de trabajo bajo los efectos de la IA y sus avances; se habla de una nueva revolución industrial, de «trastornos indescriptibles»de uno «convulsión» sin precedentes en la estructura del empleo. Nada menos.
Estos discursos tecnofatalistas y apocalípticos no son nada nuevo. Después de todo, con cada revolución industrial se ha proclamado la desaparición del trabajo y se ha contrapuesto el “progreso tecnológico” al bienestar de los trabajadores y las poblaciones, aunque tales predicciones nunca se cumplieron.
Pero, ¿de dónde vienen estos discursos? En primer lugar, los emprendedores del sector digital que buscan que la gente hable de sus servicios y conseguir financiación. Esto explica por qué el discurso sobre las revoluciones tecnológicas es hiperbólico y exageradamente optimista. Por tanto, no es casualidad que, tras el entusiasmo en torno a ChatGPT a principios de año, Microsoft decidiera invertir 10.000 millones de dólares (9,1 millones de euros) en OpenAI, la empresa propietaria del robot conversacional.
Ventaja de inseguridad
Luego, las firmas consultoras que ganan su dinero con este pánico por el final del trabajo, vendiendo “Soluciones de IA” a las empresas que no quieren quedarse atrás en un tema presentado como revolucionario en los medios. Finalmente, los «futurólogos» y autoproclamados expertos para quienes se trata de que se hable de sus libros, de ser invitados a los medios de comunicación y de dar conferencias.
Los discursos entusiastas sobre las nuevas tecnologías tienen una función: contribuyen a su aceptación, más allá de sus consecuencias sociales o políticas, y se convierten en una especie de profecía autocumplida. La creencia en una revolución tecnológica favorece la asignación de recursos adicionales para el desarrollo de estas tecnologías y su introducción en el lugar de trabajo, reforzando a su vez la idea de una revolución tecnológica. Cada vez se trata de hacernos creer que el cambio tecnológico es inevitable, que oponerse a él no tiene sentido y que todos los demás temas son secundarios.
Te queda el 45,48% de este artículo por leer. Lo siguiente es solo para suscriptores.

